lunes, 31 de marzo de 2014

POEMAS PARA EL PASMO DE TRIANA Y PEPE LUIS

Estos versos dedicados a los dos sublimes toreros sevillanos, fueron recitados por Jesús Cuesta Arana, acompañado a  a la guitarra por el excelente guitarrista cordobés Miguel Ángel Laguna en el Salón de la Real Maestranza de Sevilla. El autor los reproduce aquí a petición de muchos amigos y aficionados. Va por Ustedes.


     




El Viejo Pasmo, óleo de Jesús Cuesta Arana.





Y SE FUE JUAN DESDE NIMES A SEVILLA ...


DEDICATORIA:

A la memoria siempre soleada de Rafael Belmonte Carcía, eterno compañero mío en una misma fe cantaora y torera, que siempre tenía orgullosa el alma de ser el hermano pequeño de Juan.


Lleva el paso largo
el mentón
por delante de la verticalidad
la mirada a la rosa de los vientos
 y besado de eternidad.

Debajo de la crespa montera
el tartamudo sino
anida ya hacia la meta
por donde cruza el abismo.

Por las arenas de Nimes
un hombre  renacido de luces
va al retorno del toro interior.
O a la negra sombra que gime.


Echa Juan las bridas
quien sabe si al belfo
de su  centauro
que por dentro le grita
desde su rescoldo trianero.




Entre un grito de metal y barro
se va desde el Anfiteatro a Triana
para recalar a su placita de niño:
Plaza del Altozano.


Desde Nimes a Sevilla
dos círculos se abrazan
piedra a piedra
sol a sol
sombra a sombra
arena a arena. 

Y por encima,
en rompimiento de gloria :
bajan al ruedo
millares de toros de bronce
los toros del plenilunio
los toros de las Marismas
los toros de los ojos verdes
los toros de la memoria.

Otra vez Juan,
ahora vestido de plata
 en el óvalo del circo romano
 abierto el compás
atrapa por el mástil
a una guitarra lejana.

Por el chiquero
 va a salir
de nuevo
la primavera en puntas.

Juan otra vez sin cuerpo, arde
capote, muleta y espada toma
y se bebe de un solo trago
el vino profundo que sabe a cante.


Un tren de ida y vuelta
de la  Arenas a la Maestranza,
a esperar que los almanaques
rompan
con toda su pena
aquel ocho de abril
 en Gómez Cardeña.


Un último toro de juguete
con pitones de nácar
deja correr su pequeña furia
por la neblina del alma.

Cuando las golondrinas
viajan sus jazmines
antes de que la noche ruede
en una tarde sorda
Juan hace lo que puede.

Con el sonido de un beso de tormenta
el viejo torero se va
solo
solito
sóla la tarde;pero inmensa
para animar su increíble fábula.

En el circo de Nimes
Arranca  Juan Belmonte
otra vez a la lidia
 y en Sevilla,
en un cortijo blanco
entre flores y palmeras
hace la última faena: a la vida.

              
                                                                                                       




La última media verónica del Sócrates de San Bernardo,en la recta ya de los ochenta años.

(Foto cedida por su hijo Lolo Vázquez,entrañable amigo)




 JOSE LUIS... ¡¡¡PEPE LUIS!!!



Sevilla entera
es puro alhelí,
 y se viste de luces
cuando torea:
¡¡¡Pepe Luis!!!!

Y hasta la misma Triana
con su Juan Belmonte,
suena con sus yunques de fragua
al olor de la albahaca.

La corriente del Guadalquivir,
detiene su historia
al rumor de la Maestranza,
y eleva la memoria
 al lancear  de Pepe Luis.

Por encima de la plaza,
La Giralda se reluce
dando oficio a las campanas.

En el albero de tabaco y oro,
lleno de finura, magia y salero,
aparece el rubio Pepe Luis,
 serenidad frente al toro
a pies juntos o a compás abierto.




Se abre el cielo,
se rompe la gloria,
silenciosos los tendidos,
torea el de San Bernardo
capaz de convertir
por arte de birlibirloque,
un cartucho de pescaito frito
en moñas de jazmín.





Pepe Luis, claridad,
la mirada,
el pelo,
el alma... ¡Todo Él!
Es agua sobre el espejo
o espejo sobre el agua.

En las tardes de divino soplo,
parece miel,
también vino.
Cuando flamea la muleta
se detiene el  gran  río, solo.

¡Qué emoción!
¡Qué sortilegio!
¡Qué lagrimas sin dolor!
¡Llora el corazón de alegría!
¡Otra vez Pepe Luis,
viste de luces a Sevilla!


Ni la bulla del triunfo
ni la sangre derramada,
que también la hay,
con su cornada de espejo
no le muda  la calma               
ni le alborota el semblante.

Templa por igual los aceros
que el aire del alma.
 Ángel entre la tierra y el cielo,
para torear,  lo hace con las alas
le sobran las manos
y los pies y ... el cuerpo entero.





Verlo se figura un sueño,
una pompa de jabón,
un portento,
frente a la furia del pitón,
un pétalo de azahar al vuelo,
una  ilusión.

Entremedia de la tragedia
entre Él y el toro,
alegra la alegría
más que torear:
celebra la vida.




José Luis, tan sencillo,
sigue pisando
en grácil el movimiento,
la eterna primavera
de abril en Sevilla,
despacio,
despasito,
va el siempre torero
con su retrato de poesía
por las rutas del tiempo.

Citando de frente los recuerdos
 desde la soledad del campo
a  su álbum de brisa y fuego.
Siempre  con una pena,
una malasombra latente:
Manuel Rodríguez,
¡¡¡Manolete!!!



NOTA:
            En este enlace se puede ver filmado, aunque con mala calidad, la intervención de Jesus Cuesta Arana en la Maestranza.



http://www.youtube.com/watch?v=i6-v5UmpK0w









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